Archivo de October, 2008

Oct 29 2008

…en el metro

Publicado por admin en Artículo


En días de lluvia es cuando dejamos la moto y nos disponemos a coger el metro, ese gran transporte público. Parece mentira, pero existe un gran número de curiosidades que nos rodean mientras esperamos a que los desvencijados vagones lleguen al andén.

 

Al acceder a la boca del metro, y dependiendo de la zona en la que viváis, os percataréis de la fauna diversa que reside en el acceso a la gruta diabólica. Vamos a enumerar unos cuantos de ellos:

 

  1. El yonqui que te pide pasta:  de base, intentaremos evitar a este personaje. Sin embargo, si somos tan cautos de dirigirle la mirada, caeremos presa de su tan repetida frase: “Perdona, pero es que me falta 1 euro para pillar el metro…”. ¡Válgame Dios! ¡Si ayer por la tarde ya me pediste! Me da en la nariz que a este paso vas a llegar tarde pero fijo…
  2. El guiri que se da el leñazo: este es increíble. Introduce el ticket en la máquina, va a pasar y… ¡toma! Hostia en las partes bajas. ¡Por la derecha, cenutrio! ¿Qué no ves la flecha? Pero éste se empeña en empujar el rodillo haciendo ademanes claros de que hay algún problema con el torno. El pobre infeliz no piensa que lo hacemos así simplemente para joder a los extranjeros…
  3. El bareto de metro: qué podemos decir de tan típico establecimiento. Carajilleros de las 8, cerveceros + bocata de bacon para coger fuerzas, y, como no, ese inconfundible cortado imposible de despegar de la barra.
  4. El que se pelea con la máquina de los tickets: este espécimen es claramente reconocible por las veces que debe volver a recoger las monedas de la máquina, ya que o se le ha pasado el tiempo o es incapaz de atinar en las opciones de la maquinita. ¿Tal vez se piensa que es una tragaperras? ¡Oiga, me han salido las tres cerezas!

 

Hay muchos más, pero creo que estos son los principales. Descendamos ahora hacia las entrañas de la bestia.

 

Primero de todo, como no solemos coger el metro, nunca nos acordamos si la futura salida está en la cabeza o en la cola. Para no parecernos a nosotros mismos imbéciles, decidimos democráticamente (faltaría más) situarnos en el medio del andén, así nuestra conciencia queda apaciguada. Ahora sólo queda esperar.

 

De algún tiempo a esta parte, al menos donde yo vivo, se han instalado paneles electrónicos que nos ofrecen una cuenta atrás hasta la llegada de nuestro vagón. La idea es la hostia, pero curiosamente cada vez que levantamos la vista del libro nos damos cuenta de que cada vez queda lo mismo para que llegue. Extrañados, dedicamos nuestra atención a seguir dicha cuenta, y oh, sorpresa, cuando quedan 50 segundos para que llegue, milagrosamente el panel decide resetearse y situarse en la fantástica cifra de 1 minuto y cuarenta segundos. Y así vuelve a suceder hasta que nos damos cuenta de que el panel ha absorbido nuestra alma y nuestro cerebro está a punto de derretirse.

 

Por fin llega nuestro metro y, diligentemente, dejamos salir para poder entrar. Excepto, por supuesto, la encantadora señora mayor que permanece inamovible ante las puertas, y, cual panzer, accede al interior del vagón cuando las puertas apenas han abierto. Con un ágil movimiento (aunque claro, a su familia les cuenta que casi no puede andar), le roba en las narices el sitio a cualquier cándido que confiara en las leyes del tiempo y el espacio.

 

Como ya nos vamos a pasar todo el día sentados en la oficina, decidimos apoyarnos contra la pared y dedicar un estudio más profundo a lo que nos rodea.

 

Para empezar, el maldito niñato de los auriculares se nos sitúa justo al lado para que oigamos perfectamente lo que está escuchando en su mp3. Aunque creemos que el término “escuchar” no encaja precisamente con lo que se puede hacer con semejante música. Tal vez “desechar”, o “derogar bajo pena de muerte” tendría más sentido. Aaaaaaaah! Que todavía se lleva el tema de la música “máquina”. Perdón, joder, es que estamos desfasados. Pensaba que un martillo pilón y una sirena de ambulancia jamás podrían ponerse de acuerdo para generar tanto ruido.

 

Pero ah, amante de los “80-90”, esto está cambiando. A nuestra izquierda, podemos encontrar otro grupito de adolescentes que ha decidido que los auriculares son perjudiciales para los oídos, así que nos deleitan con una infumable melodía que repite continuamente “perrea”, “muévelo”, “calentito” o “mi amol”. Fantástico.

 

Y aquí es cuando nos preguntamos quién será el inventor del dicho “Unos tantos y otros tan poco”. Ya que la señora de enfrente se ha echado perfume como para destruir toda vida en una sala sin ventilación. Sin embargo, el sobaco del gañán de al lado reclama urgentemente un tratamiento anti-stress.

 

Finalmente, conseguimos abandonar la lata de sardinas y corremos hacia el exterior. ¿Por qué narices no se pondrán a la derecha? Sorteando a los sonámbulos de primera hora, conseguimos llegar a la salida.

 

“Perdona… es que me falta un euro para pillar el metro y…” ¿pero yo no te he visto antes?

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Oct 22 2008

… a primera hora

Publicado por admin en Bienvenida


Suena el despertador. “Mmmmpf, grumpf, mumble, mumble…”

 

Y aunque parezca mentira, somos capaces de decirle a la neurona que se ha despertado que cambie la alarma para 10 minutos más tarde. Angustiada, la neurona se da cuenta de que para tan ardua tarea necesita la ayuda de más compañeras, así que se dedica a propinar puntapiés a las pobres sinapsis. Ahora que ya son una turba enfadada, consiguen con gran esfuerzo modificar el despertador, tras lo cual vuelven refunfuñando a sus plácidos lechos.

 

Pero oh, sorpresa, la rutina se vuelve a dar pasados esos diez minutos, aunque ahora la neurona se ha declarado en huelga y te insta a que derives tu petición al córtex frontal, el cual indignado, no ve porqué tiene que rebajarse a realizar ese tipo de trabajos, que finalmente realiza a regañadientes.

 

Y así hasta tres veces más. Increíble.

 

Refunfuñando, nos sentamos en la cama y ahora viene la fase de “auto-flagelación”. Mi trabajo es una mierda, me duele todo, tengo sueño, llamo y digo que estoy enfermo, mi vida es un asco, etc… Y aún así conseguimos levantarnos.

 

Tambaleando cual ebrio, nos golpeamos el hombro con el quicio de la puerta, jurando que alguien lo ha movido mientras dormíamos. Doloridos por el percance, rebotamos hasta llegar al excusado.

 

Es muy importante para nosotros no encender la luz todavía, ya que corremos el riesgo de que nuestras pupilas sufran de combustión espontánea. Así, con la poca claridad de las ventanas conseguimos levantar la tapa del inodoro. He aquí que hombres y mujeres sufren de manera distinta en semejante momento:

 

Mujeres: 2ª parte de la fase de “auto-flagelación”. A pesar de sentirnos aliviados por el fluir de los fluidos (toma ya), seguimos opinando que no deberíamos estar ahí.

 

Hombres: envalentonados por una falsa erección, intentamos dominar la situación y atinar en la taza, cosa que, sinceramente, no conseguimos.

 

Me saltaré la fase de la ducha, ya sea por poco higiénico que somos algunos o porque tal vez le dedique un post más adelante. Pasemos directamente a la fase del desayuno.

 

Ya hemos conseguido sacar el pan bimbo del armario. Es aquí cuando nos percatamos que nuestra pareja ha dedicado gran parte de su tiempo a volver a enroscar el maldito plástico alrededor de la bolsa, lo cual nos hace maldecir en arameo y obligar a nuestros dedos a que practiquen la motricidad fina que tanto nos costó aprender de pequeños. Por supuesto, tras el esfuerzo optamos por esconder el maldito plástico en lo más profundo de la papelera.

 

Pero ahí no termina todo… resulta que algún desconsiderado fabricante de pan se empeña en hacernos ver que las rebanadas de los bordes son exactamente igual de buenas que las del centro. ¡Y una mierda!

 

Así que, hábilmente, sorteamos la rebanada superior y cogemos un par de las siguientes. ¡Ojo! Somos tan penosos que volvemos a dejarla la primera, por lo que los días siguientes sucederá lo mismo, claro. Y no pensemos que a nuestra pareja le gustan precisamente esas rebanadas, por lo que al terminar el resto, nos encontraremos con dos hermosas piezas de pan bimbo de borde que, como nos educaron nuestros padres para no tirar la comida, nos tendremos que comer con una amplia sonrisa.

 

Bien, llegó el momento de la mantequilla. Y aquí es cuando empiezo a odiar a los publicistas: “Fácil de untar”, pone en el maldito envase. ¡A cagar! Tengo que tostar las rebanadas hasta la calcinación porque, de lo contrario, me encuentro con unas enormes bolas de miga con mantequilla que me obligan a respirar por el ano, si es que estoy constipado.

 

Por último, rezamos para que nuestra pareja, tan fuerte él/ella, no haya enroscado la cafetera de tal modo que resulte imposible abrirla. Tras varios tirones y moratones en la mano, conseguimos abrirla. Vertiendo el café tampoco se puede decir que seamos unos lumbreras. Lógicamente, nos pasamos de cantidad y dejamos el mármol guapo con una agradable pátina de café molido, que, muy diligentemente, nos encargamos de soplar, extendiendo así los granos a los rincones y juntas de nuestra hermosa cocina.

 

Por fin, las tostadas, el café y el cigarro… otro hermoso día comienza.

 

¿Y si llamo y…? (3ª fase)

Un comentario

Oct 22 2008

2d10 muere y resucita…

Publicado por admin en Bienvenida

Saludos.

He decidido reformar el blog y convertirlo en algo nuevo: una serie de pequeños relatos sobre las cosas cotidianas que nos rodean día a día y que todos hemos sentido alguna vez pero no hemos querido expresar.

Desde lo que pensamos en el desayuno hasta lo que nos pasa por la cabeza cuando estamos esperando el metro.

Lo mejor es que lo veáis por vosotros mismos en los sucesivos posts.

Por otro lado, he decidio conservar la novela, que la tengo en stand-by (buscando a mi musa que me ha abandonado). Podeis seguir consultándola accediendo a la página “2d10 – La novela”.

Y sin más, en breve os haré entrega de mi primer post.

Un abrazo a todos.

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