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Dec 29 2008

…yo de mayor quiero ser gato

Publicado por admin en Artículo

De entre todos los animales que existen en la tierra (y descarto ciertas personas que siguen afirmando que pertenecen a la raza humana), sin lugar a dudas escojo al gato, o, en su defecto, a cualquier felino. Pero es de gatos domésticos de lo que os voy a hablar hoy, en gran medida porque mi mujer no me deja adoptar una pantera negra o un jaguar, con la burda excusa de que gastan mucho en alimentación.

Como deduciréis de mis líneas, soy un amante de los gatos. Y no estoy dispuesto a empezar hablando de las disputas entre los defensores de los perros y los valedores de los gatos. No escribo para decir que el perro es cateto, sumiso y sin personalidad y en cambio el gato es listo, independiente y con carácter. No señor, no seré yo quien lo diga, así que aquí van algunos pensamientos sobre tan fantástico animal.

Los gatos llevan siglos conviviendo con la raza humana. De hecho, en las más antiguas culturas eran tratados como dioses, además de estar convencidos que poseían poderes sobrenaturales (como poder ver espíritus, por lo que creo que hay muchos en mi nevera, por el modo en que la observan).

Así pues, creo que los gatos están acostumbrados a ser tratados desde siempre como superiores a la raza humana. Y se lo han creído. O peor todavía, lo demuestran.

Al llegar a casa, el gato debe decidir firmemente si sale a recibirte o no. Esto depende en esencia de una sola pregunta: ¿Necesito algo de este humano? Si el gato viene a saludarte por su propio pie (ojo, levantar la cabeza desde el sofá para mirarte no cuenta), créeme, obedece a que o bien se le está acabando la comida o bien se le está acabando la comida (y no es un error tipográfico).

Tras satisfacer cualesquiera que sea su necesidad, entonces decidirá si premiarte con un arqueo de lomo o bien continuar ignorándote como ha venido haciendo toda su vida.

Sí que es cierto que hay gatos más cariñosos que otros, eso no lo discutiré. La variedad de respuesta felina al contacto humano es muy amplia, y va desde el ninguneo perpetuo (no le ves el pelo), pasando por el arañazo preventivo y llegando incluso al retoce amistoso. En mi caso, mi gato macho (tengo también una hembra), me ha salido amoroso. Cuando estoy tumbado, aprovecha la más mínima ocasión para subirse encima mío y hacerme carantoñas, sin embargo, deben cumplirse una serie de condiciones para que esto ocurra, y las podemos ver en este diálogo humano – felino:

Humano: Míralo que mono, cómo se sube encima mío.

Gato: Ya era hora que te pusieras la manta por encima, que hace frío, joder.

Humano: Mmmm, me da besitos…

Gato: Esta barba tuya es de p.m. para rascarme los bigotes.

Humano: Mira como busca su posición encima mío…

Gato: ¿Has olido ya mi ojete? ¿Me puedo tumbar?

……………..

Y así podríamos seguir con cualquier evento comunicativo.

Ah, eso sí, soy el hombre-pelo, mi casa es la casa del pelo y mis gatos sueltan pelo. ¿Os he hablado ya del pelo? Te aseguro que soy capaz de pasar la escoba por cuarta vez el mismo día y volver a sacar mechones y mechones de pelo. De hecho, se podría fabricar otro gato con tanta pelusa.

¿Has dejado la ropa encima del sofá? – error, ya está el gato tumbado encima y llena de pelo.

¿Te has dejado la puerta de tu habitación abierta? – error, ya está el gato tumbado encima y llena de pelo.

¿La bandolera del curro encima de la silla? – error, ya está el gato tumbado encima y llena de pelo.

Bueno, podríamos seguir hablando de los gatos por mucho tiempo. Para terminar, os dejo con un extracto de las leyes gatunas, que seguro podríais completar y añadir vosotros mismos:

Ley de la inercia gatuna: Un gato en reposo seguirá en reposo hasta que sea movido por alguna fuerza exterior, algo así como el ruido de la apertura de una lata de comida para gatos.

Ley del movimiento gatuno: Un gato siempre se moverá el línea recta a no ser que tenga una muy buena razón para cambiar de dirección, como por ejemplo la apertura de una lata de comida para gatos.

Ley del magnetismo gatuno: Los abrigos, las casacas (americanas, chaquetas) y los jerséis atraen el pelo de gato en proporción directa a la oscuridad de la pieza.

Ley de la termodinámica gatuna: El calor se transfiere de un cuerpo caliente a uno frío excepto en el caso del gato, en el que cualquier tipo de calor se transfiere al gato.

Ley de estiramiento gatuno: Un gato siempre se estirara en una longitud directamente proporcional a la duración de la siesta hecha.

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